Obra original de Silvia Peláez y puesta en escena de Lydia Margules

PRESENTACIÓN

Dicen que infancia es destino, y esta obra hace visibles esas líneas que conectan el presente con el pasado, el recuerdo con las posibilidades de la vida, la muerte con las diferentes dimensiones de la realidad, del modo en que en un espacio oscuro, aparecen rayos láser que suenan con alarmas cuando un cuerpo los toca.

Los cerdos son los objetos del deseo de dos niñas, el chiquero es el lugar del encuentro y las alianzas tempranas, esos lazos que no se borran con el paso del tiempo ni con la distancia. Alejandra saca del cajón de su memoria aquellos recuerdos de su fiera infancia, ayudada por Irene que ya pertenece a otra instancia espacio-temporal.

Regresar sobre los propios pasos, recorrer en la memoria lugares clave. Ver lo mismo desde un lugar distinto. Recorrer de nuevo el camino, mirando por el retrovisor para permitir que ese recuerdo que llega inesperado, nos invada y nos lleve a comprender las acciones propias y de los otros, a explicarnos un pequeño fragmento de este mundo que nos ha tocado vivir.

 

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